Islas Columbretes


Islas Columbretes

Mapa interactivo de las Islas Columbretes

Islas Columbretes, una auténtica joya natural que a pesar de todo, resisten como pueden no sólo el embate de las olas y del mar, sino también el del hombre. Hoy en día están declaradas Parque natural y gracias a ello podemos disfrutar de este paraje de increíble belleza, de su flora y de la fauna. Atrás han quedado los incendios, los animales domésticos, y los cañonazos a los que las sometieron durante años nuestro ejército.

Visitar Columbretes debe ser programado con antelación. Existen golondrinas y embarcaciones que ofrecen sus servicios desde los puertos de Peñíscola, Oropesa del mar y Castellón. Nosotros optamos por el de Castellón. Salimos del puerto pesquero del Grau de Castellón a las 8'30 de la mañana. La travesía de 3 horas fue apacible y pudimos disfrutar de un mar tranquilo y acogedor.

A lo lejos van surgiendo las siluetas de las cuatro islas principales, Illa Grossa, la más grande, Foradada, al regreso entendimos por qué la llaman así, Ferrera (porque parece de hierro) y Bergantín porque se asemeja a la vela de un barco. Bordeamos la Illa Grossa por la punta Bonita, al norte y fondeamos (sin echar el ancla) en Puerto Tofiño, refugio natural que proporciona el interior de este cráter que la fuerza de la erosión del viento y las olas han reducido a su forma actual de media luna.

Al tratarse de un espacio natural protegido, el acceso a la isla está limitado a 69 personas por día, por lo que no todos pudieron desembarcar a tierra en la zodiac y realizar la visita guiada hasta el faro. La técnico medio-ambiental que nos acompañó en el recorrido, a través de explicaciones, anécdotas, curiosidades... supo transmitirnos todo el valor oculto y la belleza que encierran estos "peñascos". Contemplamos las arañas lobo y las arañas tigre, adivinamos la presencia de escorpiones; admiramos y conocimos las plantas que, como verdaderas supervivientes, se aferran a este suelo rocoso para poder crecer; descubrimos al halcón Eleanor, verdadera joya ornitológica; pudimos entrever la dureza de la vida de las familias de los fareros que trabajaban aquí desde el siglo XIX. Nuestro agradecimiento desde aquí a Patricia, nuestra guía, porque llenó de significado la visita.

Después de tan interesante recorrido conociendo la historia, la vida y el entorno natural, volvimos al barco para disfrutar del baño, el snorkel y comer nuestro bocata.

Casi a las 4 de la tarde iniciamos el regreso con esa agradable sensación de haber tenido el enorme privilegio de disfrutar de la naturaleza en toda su sencillez y en todo su esplendor.

Islas Columbretes